Pocos calificativos puede tener este disco que le hagan honor, así que lo mejor que se puede hacer es seguir degustándolo aun a riesgo de cualquier sobredosis auditiva, esta no empalaga, así que no habrá nada que temer. El disco constituye probablemente una de las mejores obras de rock progresivo de todos los tiempos, la mejor que ha pasado por estos oidos desde luego, alabada por la crítica y por el público en su momento, “Thick as a brick” es toda una demostración, un alarde de virtuosismo, genialidad y buen hacer donde se fusionan, rock, jazz y blues principalmente en una orgía sonora donde cabe el violín, la trompeta, el saxofón, el laud, los timbales, la guitarra eléctrica, la acústica, el órgano, el piano… y por supuesto la seña de identidad de la casa, la flauta de Anderson tomando protagonismo y sonando traviesamente en cada rincón. Pero no es una mezcla a la ligera, todo tiene su momento y eso funciona en el disco con una precisión de pieza de música clásica. Se concibió el disco como una única canción dividida en dos partes, que engarzan como un ensamblaje de una maquinaria que nunca flaquea. Estamos ante un álbum conceptual, pero no un álbum conceptual al uso, aquí todo tiene su sentido y demuestra a propios y extraños que hasta el caos puede ser hermoso si se ordena, al menos en lo que nos refiere, la excepción que confirma la regla. La excelencia.
1 – Thick as a Brick (part 1)
2 – Thick as a Brick (part 2)












